Internacional.– La reciente elección de Abelardo de la Espriella en Colombia ha vuelto a poner sobre la mesa el avance de los líderes populistas de derecha en América Latina, una tendencia que se ha extendido en los últimos años y que continúa transformando el panorama político de la región.
Con excepción de países como Brasil y México, gran parte de las naciones latinoamericanas cuentan actualmente con gobiernos o figuras políticas de derecha con un fuerte liderazgo personalista y discursos enfocados en la seguridad, la lucha contra la corrupción y el rechazo a las élites tradicionales.
Especialistas consideran que este fenómeno no necesariamente responde a un cambio ideológico profundo en la región, sino al creciente respaldo a candidatos considerados «outsiders», es decir, figuras ajenas a los partidos políticos tradicionales.
La investigadora Lisa Zanotti, especialista en movimientos de ultraderecha del Instituto de Democracia de la Central European University, sostiene que estos líderes han logrado conectar con el descontento social mediante la construcción de marcas políticas personales, discursos antisistema y la promesa de soluciones rápidas a problemas complejos.
Uno de los referentes más visibles de este modelo es el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, cuya estrategia de seguridad y combate a las pandillas ha alcanzado altos niveles de popularidad dentro y fuera de su país.
Según analistas, el debilitamiento de los partidos tradicionales y los sistemas presidenciales predominantes en América Latina han facilitado la llegada de estos liderazgos, permitiendo a los candidatos establecer una relación directa con el electorado.
El profesor Anthony Pereira, de la Universidad de Tulane, recordó que durante la denominada «marea rosa» de principios de los años 2000 predominó una ola de gobiernos de izquierda impulsada por el auge de las materias primas y políticas sociales que redujeron significativamente la pobreza.
Sin embargo, el posterior deterioro económico, sumado al crecimiento del crimen organizado y la percepción de inseguridad, generó frustración entre amplios sectores de la población, creando un escenario favorable para candidatos que se presentan como alternativas al sistema político tradicional.
La inseguridad se ha convertido en uno de los principales factores que influyen en las decisiones electorales. De acuerdo con el informe Latinobarómetro, el 75 % de los ciudadanos consultados en varios países de la región considera que la delincuencia ha aumentado en el último año, mientras que uno de cada tres afirmó haber sido víctima directa o indirecta de hechos delictivos.
Pese al éxito electoral de muchos de estos líderes, expertos advierten que gobernar representa un desafío distinto al de hacer campaña. Algunos mandatarios han enfrentado dificultades para cumplir las expectativas generadas durante sus candidaturas, lo que ha provocado una disminución en sus niveles de aprobación.
Analistas señalan que el principal reto para estos gobiernos será traducir sus promesas electorales en resultados concretos, especialmente en materia de seguridad, economía y gobernabilidad.
Mientras tanto, el ascenso del populismo de derecha continúa redefiniendo el escenario político latinoamericano y plantea interrogantes sobre la estabilidad y el futuro democrático de la región.




